18 jul. 2009

La "guinda" del menú.

No resulta nada fácil encontrar en el mercado vinos jóvenes, en sus dos primeros años, que no sean "maceraciones carbónicas" para concurso o hinchadores de robles para envinado.
Bueno, que no me canten el estribillo de que "la gente los quiere así", porque por las mismas digo que no es cierto y que amenazo con sacar las estadísticas de venta.
Vale ya de bobadas. Si hay que adaptar un vino a un segmento de precio, no se metan con el vino, por favor. Dejen los evaporadores para las ocasiones, los toques a madera como valor añadido y , sin complejos, embotellen los vinos tal como son, al precio que el mercado esté dispuesto a pagar.
Es muy agradable encontrarse con vinos frescos, jóvenes, que lo dicen todo y lo que es fundamental: Se dejan beber y agradan. ¿O qué creen que el consumidor espera de un vino?

Este rapapolvo, viene a cuento de unos clientes que me pedían encontrar una sustitución para el vino joven que ofrecen con el menú.
Cuando me dijeron que pretendían ofrecer un valor añadido al menú, cambiando el delicioso, sencillo y agradable vino por algo más vistoso, o sea, un roble; me puse como una hidra.
Ya, cuando me aseguraron que no habían tenido ni un sólo problema y que el vino le gustaba a todo el mundo, les respondí que yo no lo cambiaría, pero mañana les traía 6 como los que soñaban. (Continuará)

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