24 sept. 2009

Wine Future Rioja 09

Wine Future Rioja 09
El toro

19 sept. 2009

Las fiestas de mi pueblo.

Con el chupinazo de las 12 han comenzado las fiestas de Logroño: Degustaciones, toros, Gorgorito, las barracas, la pelota , los fuegos artificiales, los conciertos, las verbenas, teatro, campeonatos de futbolín y la de Dios.
Es durante las fiestas de la Vendimia cuando , a pesar de todo, el vino pretende adquir un papel protagonista.

Esta mañana, las cajeras del supermercado no daban a basto pasando por caja los graneles en plástico, en cartón y los granvases en botella. Entre escaparates de toda clase de negocios adornados con botellas de vino etiquetadas, obsequio de las bodegas que pretenden exponer sus productos en la capital durante las fiestas de San Mateo, desfilaban espectaculares los graneles hacia la plaza del Ayuntamiento .
Ahí estaba el vino en la calle.

Con un ojo en la viña y otro en las fiestas comen los bodegueros en los restaurantes de la capital sin sobremesa. La fiesta de los toros se convierte durante una semana en aparente devoción de un público mas entusiasmado por verse y hacerse ver que por el arte o la salvajada taurina, según se mire. Los partidos de pelota se solapan con las corridas y los frontones también se convieten en salón social.

Entre ponte bien y estate quieto, la cena tranquila se hace imposible. Los fuegos artificales arrastran avalanchas de gente hacia el parque de la Ribera a las once en punto y a las 12 de la noche comienzan los conciertos y las verbenas. ¡Menudo sinvivir!

A media mañana las peñas encienden sus hogueras en la calle para cocinar, mientras jubilados, madrugadores y resacosos se acercan al olor de la comida formando largas colas. Champiñones, chuletillas, choricillo, migas, bonito, paella se cocinan y se comen en la calle con cubertería y en vajilla de plástico. Y ahí, por supuesto, también se bebe vino.

Después de las fiestas vendrá el otoño, la oscuridad y el estrés diario. Las degustaciones de las peñas se convertirán, como mucho, en un pinchito de tortilla al trote con una cocacola a media mañana y el descanso central en una frugal y veloz obligación de alimentarse y para postre café. El trabajo , los niños, la casa, el transporte, los bancos.... Otro sinvivir. Una tortillita francesa y a la cama.

Menos mal que están los fines de semana. LLega el sábado y para cenar abrimos una botellita de vino de ese del escaparate o del que nos regalaron en la cesta de Navidad y, entre mi mujer y yo, dejamos la otra mitad para la comida del domingo.