18 jul. 2009

La "guinda" del menú.

No resulta nada fácil encontrar en el mercado vinos jóvenes, en sus dos primeros años, que no sean "maceraciones carbónicas" para concurso o hinchadores de robles para envinado.
Bueno, que no me canten el estribillo de que "la gente los quiere así", porque por las mismas digo que no es cierto y que amenazo con sacar las estadísticas de venta.
Vale ya de bobadas. Si hay que adaptar un vino a un segmento de precio, no se metan con el vino, por favor. Dejen los evaporadores para las ocasiones, los toques a madera como valor añadido y , sin complejos, embotellen los vinos tal como son, al precio que el mercado esté dispuesto a pagar.
Es muy agradable encontrarse con vinos frescos, jóvenes, que lo dicen todo y lo que es fundamental: Se dejan beber y agradan. ¿O qué creen que el consumidor espera de un vino?

Este rapapolvo, viene a cuento de unos clientes que me pedían encontrar una sustitución para el vino joven que ofrecen con el menú.
Cuando me dijeron que pretendían ofrecer un valor añadido al menú, cambiando el delicioso, sencillo y agradable vino por algo más vistoso, o sea, un roble; me puse como una hidra.
Ya, cuando me aseguraron que no habían tenido ni un sólo problema y que el vino le gustaba a todo el mundo, les respondí que yo no lo cambiaría, pero mañana les traía 6 como los que soñaban. (Continuará)

4 jul. 2009

El embudo.

Los premios anuales, que caprichosamente otorga Wine Advocate a las etiquetas que concursan, han estado muy repartidos entre los vinos riojanos. O al menos es lo que observa mi amigo Alberto en este artículo.
Aunque es cierto que habría que manejar estadísticas para poder distinguir entre un posible aumento de candidaturas o una sospechosa tendencia a producir vinos al gusto de la publicación, que ya figura en un montón de vitrinas de muchas bodegas y en sus portafolios.

Vistos los puntos, parece que la revista y yo no tenemos los mismos gustos.
Esto, si tenemos en cuenta que el número más alto correspondería al mayor grado de satisfacción que debieron expresar las personas que hicieron la cata. Y ¡Ojo aquí!: Que la valoración también podría haber sido realizada por una plantilla o una máquina. Yo ahí no me meto.
También podría ser que las bodegas presenten a las tablas sólo los vinos que creen más susceptibles de ser puntuados, según los históricos y reputados parámetros de Wine Advocate. (Un tocho que comenzó a publicarse por los años ochenta, cuando los que entonces nos dedicabamos a esto del vino, según las estadísticas, leíamos menos pero bebíamos más.)
Y digo esto, porque veo algunas bodegas en la lista que elaboran otros vinos mucho más placenteros para mis sentidos que los más puntuados en ese tablón.
¡Ya, ya! No es lo mismo que WA ponga 100 que lo que diga un alegre repartidor. Sí, pero el premio es el mismo: Nada.
¿O es que el vino lo cobra y lo vende la revista? ¿O se lo bebe?.

Parece claro que la publicación pretenda guiar al consumidor hacia un determinado perfil de vino, como si cosiderara que en todos los sitios gusta lo mismo y se puede elaborar el mismo producto. Y lo consigue con más o menos éxito entre un público restringido por una serie de factores. Entre ellos el del precio que surge del aumento de la demanda provocada por la puntuación. Un objeto empresarial respetable y rentable.
Esto me lleva a la conclusión de que el listado sirve para orientar a un tipo de bebedor con poder adquisitivo alto o muy alto que busca en el vino un signo de estatus social exclusivamente y poco informado sobre la diversidad de excelencias que puede proporcionar la naturaleza en el suelo de este planeta, con la interacción del hombre, su cultura y la vid.
Y, a propósito, otras dos preguntas: ¿No mandan muestras las bodegas del Marco? ¿Tampoco concursan los G.R. riojanos?

Lo cierto es que la publicación promueve un mercado abundante, susceptible de salvar alguna cuenta de resultados en algunos ejercicios, pero se me antoja un atropello, también económico, condicionar el viñedo, la bodega y la cultura al capricho de una empresa de comunicación que, como todo en esta vida, tiene los días contados.