16 abr. 2010

Cerrando.

Dicen los psicólogos que el miedo es natural y necesario para la supervivencia, pero que su exceso, el pánico, es una enfermedad que puede condicionar la vida hasta paralizarla. Según las gentes que estudian el asunto, hay varias maneras en que se reacciona al miedo, que son el ataque, la huida y la paralización o algunas conductas intersociales de sumisión.
De lo que sí estoy seguro es de que vivir con miedo no vale la pena, aunque las alternativas de reacción pueden resultar tan aterradoras como el propio miedo.
Y es que cuando uno trabaja apasionadamente en un proyecto en el que aporta todos sus recursos y lo conduce y reconduce a pesar de los vaivenes, no puede dejarse intimidar y por supuesto, llegado ya a un momento de madurez, resulta imposible huir. ¿Hacia dónde? ¿Y atacar, a quién o a qué?.

Tranquilos, no se alarmen, todavía no nos toca a nosotros, pero el próximo lunes cierra para siempre un cliente: La Chatilla de San Agustín. Un restaurante surgido a partir del cierre del emblemático La Merced de Lorenzo Cañas del que heredó buena parte del personal y el meritorio cuidado de la bodega en una ciudad como ésta, donde quién más quién menos mantiene un vínculo directo y profundo con el vino. Bueno, pues de esa bodega y de esa sobresaliente carta de vinos que gestionó Juan de Marcos durante al menos 10 años, hace ya tiempo que no quedaba nada. Se veía venir.

Esta tarde ha pasado por aquí Moisés, otro camarero de las escuela de Lorenzo Cañas, para avisar de que echaban el cierre a falta de dos años para su jubilación y de que nuestra caja de Terras Gauda iba a resultar difícil de recuperar.
Mañana será otro día.

8 abr. 2010

La proporción áurea.

-Dos cañas, una sin y dos crianzas.
No hace falta ni pedir marca, el mercado te sirve lo que pide que no es otra cosa que un vino oscurito que pueda venderse entre 1,30 y 1,50 iva incluido, por 1/8, como mucho, del líquido que contiene la botella amparada por la categoría crianza. Así que quien quiera poner precio a su marca y que tiren sus vinos en el chiringuito del pueblo, que encienda la calculadora.
Claro que el cliente pide un crianza y, ante la pantalla de etiquetas en oferta, se da por vencido sin rechistar. Al fin y al cabo a lo que pasaba por allí era a compartir un rato con los amigos o simplemente a ver el percal para airearse y no iba a ser cuestión de llamar la atención del camarero y de la clientela. ¿Cuánto te debo? Adios. El vino es lo de menos. Bueno a veces un obstáculo a salvar si se pretende hacer vida social por las tabernas. Nada que no soluciene un botellín de cerveza frío, de la marca que sea.

Eso les decía, que aquí salimos de vinos por el mero hecho de alternar, de estar con los amigos y de saludar a los conocidos en comunión.
Y hace un montón de tiempo que no salía a pasar un buen rato, de bar en bar en agradable conversación de fondo.
Óscar es matemático, matemático e hijo de antiguos restauradores. Vamos, profesor de matemáticas, para entendernos y buen aficionado al vino porque le gusta al margen de las etiquetas, que desde sus números tiene el privilegio de adoptar una magnífica perspectiva de las cosas.
Así que ya se podrán imaginar sobre que temas abundamos, además de los concernientes a nuestra chiquillería, que juega y alterna a su manera en nuestra periferia y a veces por medio. Por la calle San Juan por la Laurel, Portales y el Moderno, de vinos y a veces de matemáticas.
Mi amigo ve esto de los números como lo que debe de ser, lógico, sencillo, inmanente a la Naturaleza, al universo, a la vida y a las cosas. Y yo le digo que lo comparto, aunque es una disciplina de la que jamás tuve un buen maestro y que por éso me resultó imposible adquirir el mínimo sistema de conocimiento para ir más alla del aplastante 2+2=4.

El otro día le pedí que me explicara a grandes rasgos lo del número de oro, la proporción áurea, la divina proporción. Me lo explicó y comprendí algo, lo resumió en una fórmula y me recomendó que navegará en su búsqueda por la red donde para mi sorpresa me encontré con la poesía de Rafael Alberti en sus Poemas de Destierro.

LA DIVINA PROPORCIÓN

A ti, maravillosa disciplina,
media, extrema razón de la hermosura,
que claramente acata la clausura
viva en la malla de tu ley divina.

A ti, cárcel feliz de la retina,
áurea sección, celeste cuadratura,
misteriosa fontana de mesura
que el Universo armónico origina.

A ti, mar de los sueños angulares,
flor de las cinco formas regulares,
dodecaedro azul, arco sonoro.

Luces por alas un compás ardiente.
Tu canto es una esfera transparente.
A ti, divina proporción de oro.

A ver empezado por aquí, amigo Óscar, aunque la botella de X-elis 2005, que es lo más semejante a esa proporción que intuyo, apúntatela igualmente en el haber. O mejor prepara un bacalaito como tú sabes que lo pesco en la joyería-pescadería Marino.