31 ene. 2009

¡Gracias por apostar!

He tenido la fortuna de tener acceso a vinos jóvenes base, de pueblos, de parcelas, de viticultores, de bodegas, etc, acompañados de sus respectivos análisis. Lo primero que me pasaba por la cabeza era mezclar distintas proporciones para obtener digamos ese vino placentero deseado. La búsqueda de lo que quería beber con los recursos existentes.

Confieso que más que la satisfacción inmediata de las mezclas, lo que buscaba era el potencial de envejecimiento y así no resultaba difícil detectar los vinos que por sus características organolépticas y químicas fueran susceptibles de envejecer con cierta dignidad e incluso con cierto virtuosismo. Simple intuición que requiere unos pocos conocimientos de enología, algo de práctica y la aplicación natural de los sentidos.

En aquellos tiempos, las categorías de los vinos se establecían en función del potencial de envejecimiento.

Que ¿Cuáles eran los factores y las operaciones que resultaban en ese potencial?

Pues una pizca de parámetros químicos, otra de sensoriales, algo de sentido común y dejar pasar el tiempo con atención, en los nichos de la bodega.

Hoy, cuando la categoría Gran Reserva sigue en autopistas de extinción, creo que conviene repasar mas que nunca la definición.


“Vino de Gran Reserva: Vinos seleccionados de añadas excepcionales, que han permanecido como mínimo dos años en barrica y tres en botella. En vinos blancos el período de envejecimiento es de 4 años, de los cuales 6 meses como mínimo en barrica.”


Leyendo con detenimiento estas tres líneas, sólo se me ocurren un par de exclamaciones con admiración:

¡Gracias por apostar por este vino para mi placer!
¡Una copa, por favor!

Otro día hablaremos de rentabilidad.

24 ene. 2009

B, la primera letra.


Abusando de la magnífica perspectiva que me ofrece la ubicación geográfica donde resido y a propósito de la conmemoración de las bodas de plata poligámicas con mis cotizaciones sociales y el sector vitivinícola, quiero compartir experiencia y sensaciones desde este medio tan útil para satisfacer la ansiedad que emana de la pasión incontrolable de conocer vinos, tierras y personas.

No sé hasta que punto, las influencias culturales del medio social agrario del que procedo han conformado mi carácter. Si sé que vivir en el entorno elegido, siempre en busca de la conciliación personal y laboral, me resulta un reto permanente.
Harto ya de la desmoralizante comparación, tan cierta de que "vender vino en La Rioja es como vender hielo en el polo", seguiré tratando de encontrar los recursos necesarios para el sustento dentro de esta actividad, sin tener que vender mi alma al diablo. No sé si sé lo que quiero, pero sí lo que no.

En esta era de sobreinformación, cualquiera sabe lo que decimos de las cosas, de las personas, de los acontecimientos, etc. Un buen sitema interno, espontáneo y autogenerable, nos permite cribar la información y adaptarla a nuestros propios mundos. Aunque si se quiere conocer en profundidad se precisa un esfuerzo que no todo el mundo está dispuesto a realizar. Con esta fuerza de profundidad a la esencia, surgen la armonía y el placer durante la inestable y eventual trayectoria de la vida.

Sirva esta pseudo presentación y cuasi declaración de intenciones para no presentar a Basilio Izquierdo. Tiempo habrá.
En una bodeguita de Laguardia, parte de los edificios que conformaron aquella cooperativa El Collado, donde un grupo de vinicultores compartían útiles y recursos para elaborar sus vinos con autonomía, disfruta Basilio. Bueno ahí y buscando viñedos con los que interpretar desde su interesante perpectiva.

B de Basilio, no es el primer vino que elabora. El hombre lleva ya tiempo en simbiosis con las cepas, los suelos, los vinos y las gentes.
Para elaborar este vino, Basilio eligió un viñedo de San Vicente, en el pago de Gallocanta.
"Uvas de grandes vides de garnacha blanca y viura que mediante una prensada suave pasó el mosto a fermentar en barrica borgoñona. El batonnage sobre lías durante seis meses ha completado el redondeo del vino", dice en la etiqueta.
Abro la botella sin sacacorchos, mientras me explica que la botella y el tapón de cristal hermético y reutilizable, tienen un coste elevado, pero ... que es lo que ha elegido para este vino. A la vez nos hacemos preguntas sin respuestas sobre la influencia de ese tipo de cierre sobre la evolución del vino en botella.
Dos acercamientos y un trago. La situación me obliga a opinar.
-Brillante amarillo pálido. Alta intensidad aromática. Perfecto equilibrio entre la acidez y los 13º que indica la etiqueta. Y el volúmen del trago, natural, sin escesos, como a mí me gustan. ¿Y la barrica borgoñona?
- Todavía busco un poco mas de volúmen. Y en cuanto a la madera, dice que "la perfección llega cuando una ensalza al otro".
Luego hablamos de proyectos, de pagos, de tranquilos y hasta de espumosos blancs de noir, etc.
Feliznavidad.


Juan Carlos Somalo.