21 mar. 2009

Las primeras flores.

Dirán ustedes que para ponerse de colesterol, no hace falta meterse casi tres cuartos de hora de coche y atravesar tres fronteras, entre el hueco que deja el León Dormido.

Y sólo para recorrer los veinticinco kilómetros que separan Logroño de Bernedo, prenderles fuego a un par de gavillas de sarmientos, casi recién cortados y asar un costillar, una careta y unas chuletillas de cordero. Echar unos tragos y dar un paseo entre un denso bosque de boj, por la ruta de los caleros y los carboneros.

Almorzar, como siempre, la primera labor. La víspera fue para comprar el condumio e inventariar el equipo básico de supervivencia. Unas parrillas, unas pinzas metálicas o tenedor, dos gavillas de sarmientos y unas riojas, que es como popularmente se conoce por aquí al periódico, que lo mismo sirven para limpiar, que para encender y protegerse del hierro al dar la vuelta al asado.

Asar, con los sarmientos húmedos, en un día soleado es un martirio. Media hora echando pestes porque la leña no arde, otra media hora ardiendo, y el resto asando. Mientras, el numeroso grupo de comensales da fe de las primeras

parrilladas y sigue insaciable, pidiendo más y más.

Entre los asadores hay ciertas discrepancias sobre las distintas formas de asar. Que si la careta de cerdo en el fondo y primero por arriba, que si las chuletillas hay que darles la vuelta una a una, en vez girarlas todas a la vez, etc. ¡Vamos! Nada que no solucionen unos tragos de vino joven fresquito que entran en chorro como para apagar un fuego. Menos mal que había ceroceros heladas.

Para cuando nos sentamos a la mesa ya andaban con el postre, pero cuando llegó

Tras el brindis por mi indetectabilidad vírica, cada día más definitiva, emprendimos el paseo.

La ruta de los caleros y los carboneros, un paseo entre el boj, precioso y bien ilustrado.

No sólo por lo bien documentado, también por ese pequeño viaje por el bosque charlando y compartiendo secretos con la gente que quieres.

Y ahí estaba ese 2008 Cepas Antiguas de Martínez Corta, como las primeras flores de la primavera.

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