27 mar. 2009

Del cómo al cuánto.

No sé dónde había oído que la asignatura de economía trataba de, algo así como, traducir a números el comportamiento social. Se tratara de lo que se tratase, esa asignatura se me atragantó tanto que tuve suplicar a un amigo, recién licenciado en la materia, que me suplantase en el examen final. Como el pobre también me suspendió, nunca más quise saber de balanzas, índices, ni de pibs, ni de pabs.

De aquellos polvos, digo yo que vendrán estos lodos. Si hubiera hecho caso a mis queridos que profetizaban esta retrospectiva mía de lamentos, otro gallo me cantara.

A pesar de parasitismo de los bancos que buscan sin escrúpulo y con ahínco, la apropiación debida e indebida del tiempo y los esfuerzos, uno debe seguir adelante con sus valores, sus proyectos y su forma de ver las cosas, porque de lo contrario, naufragaría en el mar de los borregos y para eso no he venido hasta aquí. Esto es lo que sé hacer. Si les parece bien como si les parece mal.

Los resultados de la cuenta, los del balance, los de los puntos, los de los euros ¿Es el resultado lo único que importa o cuenta también cómo llegamos hasta él? Cuando bebemos vino ¿Vale más la intensidad de las sensaciones que el verdadero placer?¿Acaso la mierda, no tiene altísima intensidad aromática?

¡Tantos puntos! ¡Tantos euros! ¡Tanto, tanto!

Se dice que hay vinos para todos los gustos, de todos los precios e incluso para todas las ocasiones y sin embargo el consumo sigue bajando, a pesar de la flexibilización de precios y de la creciente tendencia a utilizarlo como papel moneda. Porque hubo un tiempo en el que el dinero se enterraba en las bodegas y en las viñas y ahora se paga con el vino nacido de las semillas de los de quinientos. Quizás sea éste, el del pago de deudas, el único vino que se beba, porque cuando la gente no quiere beber, no quiere beber y además le da igual el precio que tenga que pagar.

4 comentarios:

Gabriel Haro dijo...

Saludos:
A mi me gusta beber vino, en parte porque era una bebida que estaba en mi casa desde siempre, uncluso mis abuelos paternos tenian una bodega, en la que yo jugaba de niño. Tambien porque vivo en una zona donde la viña es protagonista en la vida social de mi pueblo.

Me apasiona beber vino porque me da placer olerlo y saborearlo como cualquier alimento. Cuando lo huelo, o lo saboreo, se hace por placer, unos nos daran mas otros nos daran meno, pero nunca hay examen del mismo, ¿quien soy yo para eso?. Si juzgas, o das juicios de valor se pierde el encanto para mi. Por lo tanta tampoco me gusta beber a traves de una etiqueta, el vino creo que debe ser mas que eso.

Salud.

www.ino dijo...

Es cierto, Gabriel, que por estas latitudes llevamos milenios bebiendo vino. Y aunque sólo fuese por costumbre, inevitablemente, forma parte de nuestra vida y por supuesto de nuestra historia. Con independencia del interés o desinterés que se muestre por él, se beba o no se beba, el vino, aquí, forma parte de nuestra vida y nuestra cultura de una manera particular y que en mi opinión dista bastante del concepto actual que pretenden las tendencias actuales basadas en los intentos de globalización que buscan la adaptación de un líquido a un mercado emergente.
El concepto de vino(como de cualquier bebida o alimento) y sus distintas utilizaciones por parte de los individuos y en un entorno determinado son, evidentemente, muy variables. De manera que en cada sociedad existen unos parámetros determinados que distinguen lo malo de lo bueno, lo menos bueno de lo menos malo, etc. Por lo que tratar de imponer esos conceptos a otras culturas resultaría al menos sectario.
Luego,mientras baja en picado el consumo de vino, empiezan ya a resultar indecentes las influencias mercantilistas pilotadas por el puntismo, que en connivencia con los productores, desarollan productos de marca a partir del zumo de las uvas, modificando el concepto,la esencia y hasta, en ocasiones, el propio habitat.
Y todo por las cifras, que además siguen sin cuadrar.

Saludos y disculpas por el tostón.

IGLegorburu dijo...

Ya sabes, bodegas dirigidas por MBA´s del IESE, ESADE, IE o cualquier otra escuela de negocios que haya pagado papi, el vino es un número más...

En fin, cualquier día de estos empezarán los cursos para aprender a usar el sacacorchos. Todo es posible.

Seguimos bebiendo, con y sin etiquetas :-)

Un abrazo

www.ino dijo...

Iñaki,
Esades, emebeas y ese tipo de hierbas, lo mismo valen para un roto que para un descosido. Suelen ser bien exprimidos para obtener el único resultado final que importa, la pasta.
Lo que no comprendo son esos métodos maquiavélicos que transmiten en toda la cadena, contaminando el sentido de las cosas hasta llegar a creer sus propias mentiras...
Y cierto, de los puntos suspensivos, podríamos llegar hasta los cursos sobre el manejo de sacacorchos y demás utensilios, ya sabes que hay abundantes, tanto presenciales como por el CCC y que deben resultar rentables tanto para academias como para patrocinadores.
Y así se consigue arraigar los cánones.

Un abrazo