17 feb. 2010

¡Qué grande es el Loira!

Entre los placeres que más disfruto de los viajes está el de volver al origen, a casa. Aquí, las cosas son como son, más o menos inmóviles, pero al tomar perspectiva resultan más interesantes. Pequeños detalles de nuestro entorno que por costumbre pasan desapercibidos a la vuelta parece uno estar arrastrado a buscarles un sentido.

Un pequeño paseo por el Loira, entre Vouvray y Nantes, observando las viñas y probando algunos vinos del entorno y ya echaba de menos las montañas. Un mar de tierras, el horizonte abajo.

Cuando uno llega a una zona vitívinicola de madrugada y mira a través de los cristales del tren, quiere encontrar sobre todo viñas, en casi monocultivo, como aquí y ahora en La Rioja me imaginaba. Pero juro que entre los 200 kilómetros que separan Blois de Angers, lo más parecido a una viña que ví por la ventanilla fue un corro de manzanos enanos que destacaban entre la inmensa llanura por la que se deslizaba el manso y cada vez mas caudaloso río.

Ya en la estación lo primero que pregunté fue por las montañas y las viñas, pero había una cita en el Parc des Expositions de Angers donde cada año, a primeros de febrero se reunen la mayor parte de viticultores y elaboradores de las 69 AOC que conforman esa identidad alrededor del milkilométrico Loira y que en 70.000 has. de viñedo produce unas 400 millones de botellas de vino.
En los mástiles de la puerta principal no faltaban las banderas de Reino Unido y Bélgica, paises receptores de la mitad de las exportaciones de vinos de Loira, pero el 80 % de la producción se bebe en Francia.
Allí estaban 600 expositores con sus vinos representando a las 7000 explotaciones vitícolas del Loira y aún con unas cuantas pautas anotadas en la agenda, resultaba irrestible dejarse arrastrar. Y es que las ferias de vino, tantas veces imprescindibles, suelen resultar agotadoras salvo que uno posea una ferrea disciplina sobrehumana, el calor de las personas y de los vinos derriten cualquier agenda por diligente que sea.

Un vistazo general al pabellón y el aroma del sílex roto por los golpecitos de un cantero nos atrajo. Curiosa forma de perfumar el ambiente, comentamos mientras levantabamos la vista y leíamos Domaine de La Pépière. Allí, a pocos metros estaba Marc Ollivier con su barba salvaje y su mirada tranquila, inteligente y noble, compartiendo con nosotros sus brillantes y esbeltos muscadet cargados de nervio.

Magnífica entrada que no traía en el guión. Y es que esto de las ferias...
Ya había hecho la promesa de no volver a pisar ninguna. No se disfruta del vino y casi tampoco de las conversaciones, muchas veces comprometidas por la situación. Con mucho ejercicio uno puede llegar a hacerse una idea de los vinos y de las cosas, pero la saturación y la ansiedad constante impide profundizar hasta el nivel que uno verdaderamente quisiera.

Ya estábamos en el Salón con el postgusto de los muscadet, y de frente: Pascal Gitton. Éste sí venía en la agenda, tanto que el viernes teníamos previsto recorrer los 350 kilómetros que separan Angers de Sancerre para conocer su viñedo y su bodega. Olisquear las cepas de sauvignon jaune de La Vigne du Larrey, origen del amable vino que tanto me gusta, pasear por Belles Dammes y de una vez por todas intentar conocer, al menos, el nombre de todos sus vinos. los Sancerre, los Poully Fumé, los Poully sur Loire, los Côteaux du Giennois y los Côtes de Duras.
Pero ni el viernes viajamos a Sancerre y ni siquiera conocimos el nombre de todos sus vinos. A cambio tuvimos el placer de pasar excelentes momentos con Pascal, su esposa y su equipo descorchando viejos sauvignones elaborados desde los años ochenta que guardaban toda su personalidad .
Convencidos de que nos haría falta todo un viaje especifico de acercamiento a la magistral viticultura y enología que profesa Gitton, anotamos la cita en la libreta de los deseos.

Luego, sec, demi-sec, moelleux, fines bulles, cremant y méthode traditonelle elaborados con chenin blanc de Vouvray, de Montlouis, de Anjou, de Coteaux du Layon, de Sauvennières. Muscadets, sauvignon blanc y jaune de Sancerre, de Poully Fumée. Rosé de loire, Cabernet d´ Anjou. Tintos a base de gamay, de cabernet franc, de malbec. Etc. Y todo concentrado en unas horas. ¡Qué despilfarro! Pero allí estábamos, probando y probando como niños en el palacio de los juguetes.

El primer día había resultado agotador y nos merecíamos una buena recompensa. Así que echamos el cierre para pasar por el hiper a comprar unos quesos y disfrutarlos en nuestra casa rural con barbaoa dónde nos esperaban un Martínez Lacuesta Reserva Especial de los años 60 ó 70, otra botella con restos de etiqueta en la que se podía distinguir pequeños trozos de una blanca de Marqués de Murrieta y un magnum de petillant de François Pinon.
Y es que queda tanto vino por descorchar...

14 comentarios:

delia dijo...

Bonita crónica Juan Carlos! Y bonitos días aquellos....

Gabriel Haro dijo...

Juan Carlos, me gusta mucho el magnifico texto que has puesto, y que razón llevas que en esto de las ferias, no se profundiza, lo que uno deseariá y en otras circustancia son mas propicios para ello.

Que cierto es lo que comentas soble los vinos de Gitton, aquellos que me mado alguien conocido y que tanto disfrute, son vinos muy bellos, como el muscadet.


Gabriel

Olaf dijo...

Buena síntesis, si señor. Y muy curiosos datos los que comentas al principio. ¿Porque será que se consume casi enteramente en Francia? ¿Llegará el mercado español a interesarse por los vinos del Loira? O como dice Pinon, nos asusta la acidez a los españoles.
Esta claro que en las ferias no se profundiza, pero si que te puedes hacer una idea de conjunto ya que los tienes a todos juntos. De todas formas ni visitando a una bodega se profundiza. La única forma de ver lo que un vino da de si, es abriendo una botella en casa para beberla tranquilamente.
Que ricos esos riojas viejunos, el VR76 estaba espectacular y muy bueno también el Murrieta.
Saludos

Olaf

www.ino dijo...

Delia, mujer. Que estamos todavía con el regustillo y cuando se nos pase, a Sancerre, que lo prometido es deseo.

Gabriel y Olaf, con respecto a lo de disfrutar de los vinos, que tanto hemos y habremos de debatir, parece que estamos de acuerdo en que la saturación no ayuda nada. Las ferias donde se prueban decenas o centenas de vinos, sólo nos pueden ofrecer una básica impresión y a veces dependiendo del nivel de saturación, ni eso.
Cierto es que se conocen mejor en casa comiendo. Aunque todavía mejor, cuando repetimos una y otra vez el mismo vino porque nos gusta y lo bebemos en distintas ocasiones hasta hacer válido el proverbio de la sabiduría popular que dice "El pan variado y el vino acostumbrado" Es entonces cuando verdaderamente se identifica. Claro que considerando todos los factores que implican el conocimiento profundo: El suelo, las uvas, la mano del elaborador, el clima en las diferentes añadas, etc.
Pero si ya el sólo hecho de enmumerar la cantidad de estilos de vino producidos en todo el mundo como expresión de los lugares y las gentes resulta inabarcable, imaginemos lo infinito que resultaría tanta profundización.
Pero eso sí, por curiosidad que no quede. Que nos quedamos en algo relativamente superficial, pues tampoco veo mayor problema. Teníendo en cuenta que la satisfacción primera es la de beber vino que exprese algo más que lo que lo hace un líquido, tantas veces enmascarado y homogéneo,cargadito de eufórico alcohol, el amplio abanico se reduciría considerablemente.

www.ino dijo...

Olaf,

En esos datos observo cierta similitud con los de Rioja, al menos en superficie y producción. Aunque en lo que menos se parece es en variedad de productos. Está claro que son modelos distintos, pero si que me ha picado el gusanillo de estudiar similitudes y diferencias.

En cuanto a lo del consumo interno, a primera vista, se me antoja que los loiras en Francia aportan una variada gama ajustada a los bolsillos de una población que todavía no ha abandonado la costumbre arraigada de beber vino en relación directa con la comida.
Aunque no recuerdo si fue la estanquera de Vouvray quien dijo que no todos los quesos van con todos los vinos. ¿A ver que otra estanquera de otro lugar diría eso? ;-))

Ah!Y de lo del cuajado de loiras en el mercado español no creo que tenga tanto que ver con la acidez como con los precios y el chovinismo de lo acostumbrado.

IGLegorburu dijo...

Sí que es ancho el río, sí...

La próxima vez os aconsejo que os tiréis en la esplanada que hay delante de Chambord, llevéis la tartera, un queso, una botella, y un sacacorchos. Un arbol que de sombra y poco más...

Leches, ¿tú también hablas de convergencias? :-)

www.ino dijo...

Esta vez, Iñaki, la cosa no estaba para poner el culo en el suelo. Ya en el viaje de ida, "la renfe" francesa me dejo tirado en un apeadero media hora, a las 8 de la mañana, a los límites de congelación de los riojas que llevaba en la maleta. Aunque tu convocagtoria de botellón en la explanada del Chambord, para el verano, me parece excelente.

Convergencias, qu´est-ce que c´est?
No vaya a ser que la gente rural,las pocas veces que salimos, queremos ver por ahí las cosas de casa y comparar. Aunque con lo bien que está uno en su casa bebiendo su propio vino, no sé ni pa qué ;-))

IGLegorburu dijo...

¿Y qué hiciste en ese apeadero? Qué querías ¿recordar cuándo te escapabas a Perpignan a ver cine? :-)

Igual te precipitaron los vinos...

Salir siempre es bueno, y beber también, aunque sólo sea tu propio vino :-). Como acción comercial y auto de egocentrismo puede ser interesante :-))

Olaf dijo...

Iñaki, por lo visto ahora la gente va a Perpignan para pillar vino y venderlo en España. Al menos eso es lo que nos contaron en una bodega, cuyos vinos puedes encontrar en algunas tiendas, pero que según la bodega, nadie lo distribuye en España. Eso si, en Perpignan vende bastante.
Saludos
Olaf

IGLegorburu dijo...

¡Qué me vas a contar Olaf! Hasta yo mismo paseo por Hendaya cuando se tercia. Es bonita aquella zona.

Cruzo el puente y listo.
Siempre en cash. Lo peor en estos casos es llevar tarjeta de crédito. Un antiguo conocido que ya falleció decía lo mismo cada vez que entraba en el "Hot" madrileño. :-)

www.ino dijo...

Por aquí,Iñaki, de vez en cuando pasábamos a tomar el sol,sin la parte de arriba, a la playa de Hendaya, pero era cuando estábamos en San Sebastián. Para películas la que menciona Olaf.

Lástima, Olaf. Pero ahora no recuerdo ni el argumento, ni los protagonistas y ni siquiera estoy seguro de quién fue el narrador de la de piratas.
¿Iba de alguien que decía comercializar en España y lo colocaba todo en el país de origen?

IGLegorburu dijo...

Siempre ha habido clases Juan Carlos...A mi es que la arena de la playa se me mete por las sandalias.

Pero ya han salido algunas botellas de un productor de Chablis llamado Raveneau por esa zona de la frontera. Y es que ahí llegaban.

Pero éramos más jovenes. Igual fuimos tontos porque acabamos bebiéndolas, no especulando con ellas. Pero bueno, el disfrute es el disfrute.

¿Ya andas mirando zulos para Semana Santa?

:-)

Olaf dijo...

Los vinos de D. des Roches Neuves (Saumur) que habíamos visto en Santa Cecilia, pero al preguntar al productor dijo que no tenia distribuidor en España, pero creía que entraban a través de una tienda de Perpignan. Estaba rico ese Marginale que probamos.
Saludos

Olaf

www.ino dijo...

No soy mucho de semanasanta,Iñaki, ya sabes las procesiones y todo el mundo apelotonándose los mismos días, a los mismas horas, a los mismos sitios y con astro variable. Aunque como soy tan obediente...Pero de momento no me han "sugerido" nada.

Cierto, Olaf, a ese Marginale le hice una foto, lo que quiere decir que me gustó mucho, o al menos el que más de a tanda.
¡Cómo raspaban los c. franc jovenzuelos en contraste con la seda de los chenines moelleux!

Y es que esto de la territorialidad en el comercio del vino, hoy en día, da mucho juego. Lástima que haya tanta trama burocrática, distintos impuestos y que las botellas pesen tanto para el transportista. Estas cosas son las que reducen la oferta.