27 ago 2010

Barbarot

Vamos tomando decisiones, pero el transcurso de la vida situa a las cosas en su propio equilibrio.
Y es que hace mas de veinte años surgió el debate sobre la conveniencia de plantar en el protectorado de la Do Rioja otras variedades distintas a las que se cultivaban y elaboraban con éxito por entonces.

Probablemente, con la mirada puesta en Burdeos y el fomento que iba adquiriendo el desarrollo de nuevas plantaciones en el nuevo mundo, con variedades como la cabernet sauvignon y la merlot que tantos éxitos comenzaban a cosechar en los mercados internacionales; la cuestión llego al CRDO Rioja dónde detractores y defensores de la
introducción de nuevas variedades en el mapa vitícola riojano plasmaron un acuerdo en el que
se fue permitiendo la plantación de varios cientos de héctareas controladas con variedades
experimentales.

Así, cultivando en una pequeña parte del viñedo ciertas variedades que podrían condicionar la
idiosincrasia del Rioja o lo que es lo mismo invadir la sutileza de los vinos elaborados a base de tempranillo y garnacha con otros procedentes de variedades de comportamiento desconocido en estos suelos y en estas bodegas, se fueron introduciendo desde la segunda mitad de los 80 y culminando con un protocolo experimental concedido en el 92, que por lo que tengo entendido ya ha expirado.

Precisamente el espíritu libertario de dejar a cada uno tomar sus propias decisiones y ser consecuente con ellas es lo que me lleva a pensar hoy, que de haberse permitido entonces la introduccción masiva de variedades pretendidamente mejorantes, hubiese resultado una cuasi imposición que habría impactado con mas fuerza si cabe en el actual y particular modelo vitivinícola riojano y en sus vinos. Lo que me lleva a pensar en que quizás aquella
decisión, pueda hoy, cuando domina la tendencia de buscar vinos con personalidad propia, tener buena cantidad de consecuencias positivas.

Pero, con la reciente autorización masiva de plantaciones de chardonnay, verdejo y sauvignon blanc, podrán darse cuenta de que la experiencia en la toma de decisiones, tantas veces no sirve para nada.
En fin, que yo quería hablarles de Barbarot- un vino de finca que comenzó con una plantación de 3 ha. de merlot y 2 de tempranillo hace 20 años, dentro de aquel protocolo experimental del 92- y no extenderme demasiado, pero es que cuando apenas han salido al mercado los vinos de las nuevas variedades blancas autorizadas, ya me estoy encontrando con bastantes nuevos blancos riojanos, con ganas de ser grandes, que mencionan estar elaborados a partir de viura, malvasía y garnacha blanca.

En 1988, José Palacios Remondo compró en Haro- camino de la ermita de San Felices, en Los Riscos de Bilibio- un carasol de suelo arcillo calcáreo que producía cereal a una altura de 490 hasta 550 metros sobre el nivel del mar.
Dos años más tarde, su hijo Antonio Palacios, de formación y afinidad bordelesa, quiso recrear allí su propio Saint Emilion plantando 3 héctareas de merlot y 2 de tempranillo con una densidad de plantación de 2.950 cepas, en espaldera a Cordón Doble Royat en la ladera sur protegida al norte por Los Riscos.

En 1994, Antonio, que gestionaba la bodega familiar Palacios Remondo en Alfaro, en la busqueda del cupaje que abanderara los vinos de la bodega, experimentó y concluyó en que una participación del 16% de ese merlot en conjunto con el obtenido de la fabulosa finca de La Montesa, en Monte Yerga de Alfaro, mejoraba considerablemente el conjunto potenciando el color, el aroma, la suavidad y la carnosidad.

Así nació 2 Viñedos, del que todavía guardo alguna botella del 96 de la misma caja del que abrí doce años mas tarde de su cosecha y que guardo en la memoria como un clásico riojano al merlot.

En 1999 planta otras 2 héctareas de tempranillo en la finca, aunque esta vez un poco más juntas, a 4000 cepas/ha.
Ya imagino el gesto de Antonio cuando al preguntarle a una de sus chiquillas por lo que quería ser de mayor, le respondió algo así como: Lo mismo que tú. Extendiendo el brazo y con el dedo apuntando a Francia, le debió indicar: Comienza por ahí.

Y así fue como Bárbara aprendió en Burdeos a comprender y razonar las prácticas vitivinícolas, se tituló y trabajó en Médoc en la bodegas de Ch. Margaux y de Ch. Pichon Longueville para seguir un periplo de experiencias a través del mundo desde Napa a Nueva Zelanda, pasando por Australia, la Toscana y Argentina, donde la situación hemisférica le ha permitido compatibilizar la vendimia en B. Pulenta Estate en Mendoza con la de Los Riscos de Haro.

De la cosecha 2005, Bárbara Palacios López de Montenegro, con las mejores uvas, elaboró 1000 botellas en una bodega alquilada. El resto de uva de la finca fue vendido a otras bodegas riojanas. Después de las fermentaciones en inox, el vino pasó durante un año en bordelesas de roble americano y embotelló el conjunto tempranillo-merlot al 50%.
En la 2006, mediante el mismo proceso, y esta vez criado en roble francés, embotelló 1300 al 70% de tempranillo.

Con las dos añadas distintas sobre la mesa y percibiendo la redondez del 2005 y la destacada frescura del 2006, no se puede negar una misma procedencia.
Muchos ánimos para Bárbara y mucha suerte con su bodega de Briones en la que ya ha comenzado a elaborar las uvas que cultiva de Los Riscos, con un lema bien maduro:
"Amamos lo que hacemos, de ahí nace Barbarot"


2 ago 2010

En la playa.

Tanto tiempo en la arena con niños le permite a uno hacer castillos, darse un bañito en el mar, de vez en cuando, jugar a las palas e incluso revisar las hojas sepias del períodico de ayer.

El lunes pasado ya había empezado a elucubrar nada más llegar a la playa mientras miraba los mástiles sin bandera del Hotel Le Palais de Biarritz. Un palacio que mando contruir la emperatriz Eugenia, esposa de Napoleón III, en 1854, poco después del descubrimiento por Víctor Hugo que marcó un hito en el desarrollo de la ciudad que paso de pueblo ballenero a ciudad balnearia con mucho glamour.

Esto de vender vino en La Rioja, de momento, no da para pasar unos días con la familia atendidos en el estratégico y glamouroso Palais y nos tenemos que conformar con un T2 o T3 con vistas, lo más cerca posible de la arena, de las olas y de casa. Lo que no quita para que uno tenga altas miras y pueda curiosear e incluso pedir explicaciones para tratar de comprender los signos y señales que se ven allí arriba.

Como les decía, era lunes y le Palais estaba sin las dos banderas que suelen ondear en cada uno de los mástiles situados en los extremos más altos del palacio. Por mi cabeza pasaron un montón de cálculos especulativos tratando de encontrar una explicación y cuando ya me resignaba a pensar en una falta de observación anterior, transmití la inquietud a mi mujer que corroboró una de mis sospechas: Hoy es lunes y estarán lavando las banderas. Nos reimos bastante pensando que cuando se secaran, las volverían a izar.

Uno, en la playa se entretiene con cualquier cosa y mientras jugaban en las olas, abrí las pagínas sepia del periódico de ayer y me encuentro con esta noticia que Lomejordelvinoderioja.com ofreció en primicia hace casi dos meses, pero que vuelve a sorprenderme por la insistencia con la que algunos informadores ponen en el hecho de que el proyecto de bodega entre los Álvarez y los Rothschild se vaya a desarrollar en la Rioja alavesa, sin mencionar ubicación ni proyecto exacto.

"Con este objetivo sobre la mesa, bajo la supervisión de los técnicos de la bodega española, se eligió la Rioja Alavesa como zona." Recalcan en El País.

Pero no vayan a creer que me inquieto por una cuestión patrioterista casposa, no. Lo que me sorprende, repito, es la insistencia sin fundamento y sin argumento en informar que la conjunción vitivinícola estelar se va a posar sobre la Rioja alavesa. Supongo que debido al hecho de que el grupo ha alquilado una bodega en Leza (Rioja alavesa) para comenzar a elaborar, sin tener en cuenta que los Álvarez-Rothscild, a través de una empresa común que gestionaba las compras de las parcelas que llevan 10 años adquiriendo en San Vicente de La Sonsierra (Rioja riojana). Lo que me da para elucubrar es que o los medios tienen más información de la que emiten o se la han tragado a pie juntillas sin aclarar un matiz que podría ser importante para las Administraciones autónomas implicadas.

De cualquier manera es que siempre me ha parecido una injusticia, que en este modelo vitivinícola riojano de mezclas, la localidad que alberga la bodega sea más relevante e identificativa que las diversas procedencias, en muchos casos, de las uvas o de los vinos con los que se elabora o se mezclan en esa determinada ubicación.

28 may 2010

Riojalibre.

La mezcla de vino con frutas y azúcar ha formado parte de la cultura española desde la antigüedad, pero no fue hasta los primeros 60 cuando Rioja Santiago consiguió estabilizar relativamente la sangría para el embotellado. Digo relativamente, porque cuenta la leyenda que unas botellas de sangría Yago, almacenadas al sol en un escaparate de un establecimento norteamericano, causaron una explosión, sin perdida de vidas humanas, pero que fue peritada en los tribunales.

En aquella época de explosión del sector turístico español, como todo viajero siempre quiere llevarse una parte de sus vacaciones a casa, el mercado-sobre todo el norteamericano- acogío con avidez aquel líquido en botella triangular y Rioja Santiago, me consta que hizo con ésto las américas. Algo tendrá que ver que con posterioridad la empresa Pepsi- Cola llegó a hacerse con la bodega riojana.

Mientras la sangría causaba furor en America, las bebidas gaseosas de cola lo hacían en España, que se estaba pasando del sifón para acompañar el vino a la gaseosas locales endulzadas, luego con sabores a limón, naranja y por supuesto a cola.
Del Sanités se paso a las fábricas de gaseosas, que como en aquellos tiempos el transporte funcionaba como funcionaba, ni mejor ni peor que hoy, pero mejor cuanto más restingido a la zona de fabricación, existían fabricas ubicadas en la zona de consumo. La Riojanita, La Pitusa, Konga eran algunas fábricas locales que comenzaron a embotellar gaseosa con sabores de naranja y de limón, pero Coca-cola, Pepsicola y la Schweppes ya estaban ahí con su plan.

En estos territorios se bebía muchísimo más vino que gaseosas varias y que por supuesto cerveza, pero ya los niños de entonces, que ya no pertenecíamos a la época del hambre, buscábamos un espacio entre los consumidores.
Tras la efervescencia de las gaseosas y mientras nos hacíamos hombres, parecía obligado encontrar una alternativa refrescante espirituosa, porque aquello de potear con copas de coñá o anís- que era lo que se llevaba entonces- requería al menos unas tragaderas importantes o un saber beber sorbo a sorbo controlado fuera del alcance de adolescentes y jóvenes ansiosos.
Así llegó la época de los combinados y el whisky promovidos a bombo y platillo desde el cine holliwoodiense y por las multinacionales.

Los cuba -libres, los gin-tonic, el gin-kas, de limón claro, naranja con coña´(¿Destornillador se llamaba?), batido de chocolate con coñá, vermouth blanco con wodka, pepermint con licor 43 y granadina era un semáforo, etc.
Las multinacionales norteamericans iban dando con los refrescos y no les importaba que la gente mezclara sus fórmulas mágicas con cualquier cosa. Hasta con vino. Y es que si se tomaba el vino con sifón, a ver por qué no se podía meclar con gaseosas de cola dulcecitas que hacían las delícias refrescantes de quienes en muchos casos veían el vino como una bebida asociada al alcoholismo, mejor dicho al borrachismo, quizás por ser un consumo extendido en la población de una zona productora como ésta.

Y así nació el riojalibre que camuflaba el vino entre la gaseosa oscura y acercaba a quien lo tomaba a un estatus diferente, alejado de consumos trasnochados en la búsqueda de una nueva idea de progreso, en la que el vino, a pesar de que en muchos caso era el sustento, no era una bebida que determinara un estatus social al que aspiraba la sociedad rural que huía de lo tradicional y del reciente desastroso pasado, buscando el desarrollo e intentando parecerse a otras sociedades que en libertad, desarrollaban con más rápidez la calidad de vida.

Tampoco el rioja-libre tuvo demasiado éxito, claro que teniendo vino que estaba al alcance de cualquiera y siendo el combinado más barato de la barra, aquello no quedaba muy in. Tuvieron que ser nuestros vecinos del norte que lo rebautizaron como kalimotxo, quienes sacaran adelante el consumo de la mezcla y que por cierto se ha ido incorporando en los últimos años al botellón entre los más jóvenes y por tanto denostado por ruido, suciedad y barbarismo.
Porque aunque hubo un momento en el que pusieron en los garitos aquellos polvos con cola que vendían como kalimotxo en un grifo como el de la cerveza y los vendían servidos en cachis de plástico a precio de cóctel bien preparado en una terraza vip, la juventud optó por el brick de 1 litro a medio euro y la litrona de refescante.

Así que déjenme retorcerme de risa cuando oigo que beber kalimotxo es un signo de que la juventud se va intoduciendo en el consumo de vino o al menos el primer paso.

3 may 2010

Gran reserva y otras.

Desde hace unos 20 años llueven las justificaciones para vender el vino de Rioja con contraetiqueta genérica.
Que si la DOCa con su reglamentación es un corsé que oprime la panza de las bodegas, que si todos los vinos no aguantan el paso por barrica, que si la capacidad de 225 litros que establece el reglamento para la madera, supone una limitación a la mano divina del autor y otras sartas de argumentos técnico-comerciales que revindican la libertad de acción para un montón de bodegas que se ven sin respiración por tales constreñimientos. Lo que no he visto en ningún caso ha sido el libre abandono en el registro, lo que me hace pensar que puede que haya una profunda meditación para considerar las ventajas e inconvenientes que supone la permanencia en el censo. Es decir que la axfisia técnica que producen las limitaciones del reglamento se ven compensadas con creces por otra serie de beneficios que a mí se me escapan.

Contrario a la lógica parece que la categoría de gran reserva - la más prestigiosa de Rioja- haya ido despareciendo de los portafolios mientras se le tachaba de obsoleta para la actual demanda. Pues no, lo que se lleva ahora es hacer dinero del vino cuanto antes y para eso la genérica es estupenda, porque prácticamente en el año de la cosecha se podría cobrar el vino, si no fuese porque en los tiempos que corren lo de cobrar sufre algún que otro retrasillo.

"Si yo fuese un joven entusiasta..." Y me pudiera jubilar a los 67 y considerando que llevo desde los 16 de aprendiz, haciendo toda clase de trabajos en la viña y la bodega, llegaría a responsabilizarme de ¿Cuantas añadas de gran reserva? ¿De 15, de 20? ¿O es que todos los años vamos a elaborar gran reserva?
Alguna herencia tendré que tener para ir tirando de ella mientras llegan los primeros frutos, porque lo de conseguir dinero del banco, hoy por hoy está crudito.
Parece evidente que no se puede mantener una empresa "con recursos limitados" elaborando sólo reservas y grandes reservas a no ser que tengas una buena herencia y sepas administrarla. No vaya a ser que de repente te cargues todo el concepto de vino que heredaste embotellando, con la marca mimada por tus ancestros, auténticas tisanas de roble que hacen las delicias de la cuenta de resultados trimestral en el mercadillo de turno- que hay gente pa tó- pero que poco a poco van sembrando la desconfianza e incluso la ira de los consumidores que algún día incluso- y entre los que me incluyo- veneraron Viña Real, por poner un ejemplo.
En estas circunstancias, y si ni las contraetiquetas, ni la marca, ni nada ofrece confianza para descorchar una botella, habrá que echarse a la venta ambulante procurando no repetir en los mismos mercadillos.